Page 12 - Libro Nuestra Señora de La Estrella
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prisionero. El rey en persona le preguntó: «¿Qué te parece tener
el mar sometido al pillaje?» «Lo mismo que a ti –respondió el
bandido- tener el mundo entero a tus pies. Sólo que, a mí, como
trabajo con una ruin galera, me llaman bandido, y a ti, como lo
haces con toda una flota, te llaman emperador (De Civitate Dei
IV, 4).
Extraerle la dimensión ética a los actos humanos es un
reduccionismo moral. No es posible que quitando la “i” a
la palabra ilegal, se conviertan los delitos en actos legales.
Si a la seguridad le quitamos la virtud de la justicia,
llegamos por deducción lógica al fundamento de un
adefesio demagógico imposible que se conoce como: “paz
total”. Más preciso sería decir la paz de los sepulcros.
Colombia apostó por la seguridad sin justica, a la que
llaman posición política de centro y ahora estamos
viviendo las consecuencias de estar inmersos en una falacia
moral.
Como usted bien lo expresa, la seguridad necesita de
la justicia y esta de la caridad. Es urgente retomar los
referentes morales de la caridad y la justicia; se requiere
por tanto, unir el don de la caridad a la virtud de la justicia
para restaurar la confianza institucional, de tal manera que
la seguridad sea la resultante.
Estas dos condiciones de la virtud de la justicia y el
don de la caridad, que están debidamente soportadas en la
Doctrina Social de la Iglesia-DSI, bien probados por las
Sagradas Escrituras, el Magisterio pontificio, tienen valor
dogmático y amplia aceptación en el mundo económico,
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