Page 52 - San Cayetano
P. 52

Dios  mismo  se  nos  ha  dado  en
                  alimento, desdichado el que ignora un don
                  tan grande; se nos ha concedido el poseer a
                  Cristo, Hijo de la Virgen María, y a veces no
                  nos cuidamos de ello. ¡Ay de aquel que no
                  se preocupa por recibirlo con dignidad!

                        Hija mía, el bien que deseo para mí lo
                  pido también para ti, mas para conseguirlo
                  no  hay  otro  camino  que  rogar  con
                  frecuencia  a  la  Virgen  María,  para  que  te
                  visite con su excelso Hijo; más aún, que te
                  atrevas a pedirle que te dé a su Hijo, que es
                  el  verdadero  alimento  del  alma  en  el
                  Santísimo  Sacramento  del  altar.  Ella  te  lo
                  dará  de  buena  gana  y  Él  vendrá  a  ti  para
                  fortalecerte,  a  fin  de  que  puedas  caminar
                  segura por esta oscura selva, en la que hay
                  muchos  enemigos  que  nos  acechan,  pero
                  que  se  mantienen  a  distancia  si  nos  ven
                  protegidos con semejante ayuda.

                        Hija mía, no recibas a Jesucristo con
                  el fin de utilizarlo según tus criterios, sino
                  que quiero que tú te entregues a Él y que
                  sea  quien  te  reciba,  y  así  Él,  tu  Dios
                  salvador,  haga  de  ti  y  en  ti  lo  que  a  Él  le
                  plazca.

                        Todo  esto  es  mi  deseo,  y  a  esto  te
                  exhorto  en  cuanto  me  es  dado,  a  ello  te
                  presiono.


            40
   47   48   49   50   51   52   53   54   55   56   57