Page 138 - La Galeona de Cádiz
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Si, turbada la memoria por la enormidad
            de tus crímenes, confusa la vista por la
            fealdad de tu conciencia, aterrado por la idea
            del horror del juicio, comienzas a ser sumido
            en la sima sin suelo de la tristeza, en el

            abismo de la desesperación, piensa en María.

                  En los peligros, en las angustias, en las
            dudas, piensa en María, invoca a María.

                  No se aparte María de tu boca, no se
            aparte de tu corazón; y para conseguir los
            sufragios de su intercesión, no te desvíes de
            los ejemplos de su virtud.

                  No perderás el camino si la sigues, no
            desesperarás si le ruegas, no te perderás si en
            ella piensas.


                  Si ella te tiene de su mano, no caerás; si
            te protege, nada tendrás que temer; no te
            fatigarás, si es tu guía; llegarás felizmente al
            puerto, si ella te ampara.

                   (San Bernardo, “Sobre las excelencias de
                                       la Virgen Madre”, 2, 17).









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