Page 16 - Nuestra Señora de Chiquinquirá de La Estrella
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Son un grupo de hombres que se rigen por un jefe,
se comprometen en pacto mutuo, reparten el botín
según la ley por ellos mismos dictada y aceptada.
Supongamos que a esta cuadrilla se le van sumando
nuevos grupos de bandidos y llega a crecer hasta
ocupar posiciones, establecer cuarteles, tomar ciuda-
des y someter pueblos: abiertamente se autodeno-
mina reino, título que a todas luces le confiere, no
la ambición depuesta, sino la impunidad lograda.
Con toda finura y profundidad respondió al célebre
Alejandro Magno, un pirata caído prisionero. El rey
en persona le preguntó: “¿Qué te parece tener el mar
sometido al pillaje?” Lo mismo que a ti –respondió el
bandido– tener el mundo entero a tus pies. Sólo que,
a mí, como trabajo con una ruin galera, me llaman
bandido, y a ti, como lo haces con toda una flota, te
llaman emperador (De Civitate Dei IV, 4).
Extraerle la dimensión ética a los actos humanos es un
reduccionismo moral. No es posible que, quitando la “i” a
la palabra ilegal, se conviertan los delitos en actos legales.
Si a la seguridad le quitamos la virtud de la justicia,
tenemos entonces el fundamento de un adefesio demagó-
gico que se conoce como paz total.
Colombia apostó por un concepto de seguridad al
que llaman posición política de centro y ahora estamos
viviendo las consecuencias de estar inmersos en una
falacia moral.
Como usted bien lo expresa, la seguridad necesita
de la justicia y esta de la caridad. Es urgente retomar los
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