Page 4 - Revista Bitacora
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¿Por qué te llaman maestro?
Por: Álvaro Gallón Rodríguez
Mosquera, 13 de junio de 2017.
“Formado, pues, que hubo de la tierra, el Señor Dios todos los
animales terrestres, y todas las aves del cielo, los trajo a Adán para que
viese como los había de llamar; y en efecto todos los nombres puestos
por Adán a los animales vivientes, ésos son sus propios nombres.” (Gen.
2, 19).
Advertimos en el mes de mayo consagrado a la Santísima Virgen,
que es muy proporcionado que se celebre el día del maestro. El Génesis
nos enseña que después de la creación, la primera acción de Dios sobre
el universo fue ser maestro. Conduciendo a Adán por el paraíso y
enseñándole el mundo, Dios le infundió el lenguaje para que la
inteligencia humana iluminada por la ciencia divina le pusiera nombre a
cada ser. Por eso dice San Juan de la Cruz: “Un solo pensamiento
humano vale más que toda la creación”. Sin el pensamiento humano el
universo sería inteligible únicamente para Él Creador y sus Ángeles.
Pasaron muchos siglos y llegó un nuevo Adán: Nuestro Señor
Jesucristo, que es llamado el Maestro por excelencia, decía a sus
discípulos: “Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón. La lámpara del
cuerpo es el ojo. Si, pues, tu ojo estuviere sano, todo tu cuerpo estará
luminoso; pero si tu ojo estuviere enfermo, todo tu cuerpo estará en
tinieblas, pues si la luz que hay en ti es tinieblas, ¡qué tales serán las
tinieblas!” (Mt. 6, 21 a 23).
Con lo anterior nos quiere advertir el Divino Maestro, que para
impartir una buena educación se debe, además de iluminar la inteligencia
con la verdad, hacer amigos de Dios y de los hombres. Este es el corazón
y tesoro del maestro y esa es la luz que él trasmite a sus discípulos. Por
eso dice el verso de Aristóteles:
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