Page 5 - Revista Bitacora
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“Del bueno aprenderás las cosas buenas;
Más si con malos tú te revolvieres, perderás el
buen seso que tuvieres”.
De esta manera el buen profesor es aquel, que enseñando a
propósito de la ciencia y de las artes, aprovecha para inculcar buenos
deseos en sus alumnos y los ejercita en el arte de saber ver, para que
logren trascender del conocimiento material al conocimiento espiritual.
El maestro enseña, que además de una ética del saber, del hacer y
del conversar, dando valor de verdad a la palabra, también existe una
ética del ver con rectitud de intensión. Ya decía Platón, que el maestro es
aquel que conoce la ciencia de la iluminación del espíritu y que la
academia es una escuela de formación de la personalidad.
Por eso San Juan Bosco, de quien dicen sus biógrafos: “nació
educador y nació sociólogo, para que fuera el estandarte de la educación
católica en los tiempos modernos”, nos enseña:
Ser profesor es el mejor negocio, Dios lo paga en esta vida y en la
otra. Todo educando ha de capacitarse en aprender a apreciar el bien y la
belleza. No hay formación intelectual sin que sea al mismo tiempo
educación. El maestro no debe jamás olvidar la alta misión de formar a
toda la persona, encaminándola a sus altos destinos. La educación moral
y religiosa es el punto central de toda educación. El maestro forma la
conciencia, el sentido del deber, de la responsabilidad, el corazón cuyo
centro es el amor, y la voluntad cuyo eje es la sabiduría que es el arte de
gobernarse uno mismo. (Ideario Pedagógico de San Juan Bosco, educación
estética, educación intelectual y educación moral).
El gran teólogo del siglo XII, Santo Tomás de Aquino, afirma que “la
función del maestro es explicar la verdad, abrir el camino y comunicar la
vida del alma.” Así, plenamente definida por este gran doctor la función
social del maestro, podemos entender que muy grande tiene que ser su
dignidad y comprendemos porque en lo alto
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