Page 38 - Bitácora No 02
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En el campo eclesiástico, los defensores de la llamada
hermenéutica de la ruptura y la discontinuidad, que interpretan
el Concilio Vaticano II como el nacimiento de una Iglesia Nueva,
cantaban victoria. La llamada euforia de la rebelión soplaba con
fuerza en la Iglesia. La línea progresista triunfaba en todas
partes. El tradicionalismo estaba reducido, casi a nada.
En 1979, sin embargo, toda esta situación empezó a
cambiar. En mayo de ese año, Margaret Thatcher ganó las
elecciones en Gran Bretaña, iniciando así una reconquista
conservadora que, en pocos años, desmanteló el aparato
socialista que había dominado el país durante más de medio
siglo. Luego, en noviembre de 1980, Ronald Reagan ganó las
elecciones estadounidenses y llevó al poder al Conservative
Movement. Y, también en este caso el país comenzó a dar un
vuelco copernicano. The Sixties are over! – ¡Se acabaron los
años sesenta!, era una de las consignas más repetidas. Fue el
comienzo del Conservative Revival, el Renacimiento
Conservador, que después se extendió por todo el mundo,
llevando al gobierno, en muchos países, a una nueva derecha
de clara inspiración religiosa.
En el campo eclesiástico, el pontificado de Juan Pablo II,
aunque con luces y sombras, marcó igualmente un punto de in-
flexión, ejemplo del cual fue el motu proprio Ecclesia Dei
(1988), que volvió a abrir las puertas a la Misa tridentina. El
tradicionalismo comenzó a crecer en todas partes,
especialmente entre los jóvenes. Se multiplicaron los seminarios
tradicionalistas. Nacieron varios institutos religiosos y
eclesiásticos con una orientación conservadora / tradicionalista.
Se condenaron los excesos de la teología progresista. Esta
tendencia conservadora se reforzó con el pontificado de
Benedicto XVI, por ejemplo con el motu proprio Summorum
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