Page 152 - Nuestra Señora de Chiquinquirá de La Estrella
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la renuncia y el sacrificio de la propia vida por defender una
causa justa. Mi fuerza y mi cántico es el Señor (Sal 118, 14).
En el mundo tendréis tribulación. ¡Ánimo!: Yo he vencido al
mundo (Jn 16, 33). CIC 1808.
4. Virtud de la Templanza
La templanza es la virtud moral que modera la atracción
de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes
creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos
y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. La
persona moderada orienta hacia el bien sus apetitos sensibles,
guarda una sana discreción y no se deja arrastrar para
seguir la pasión de su corazón (Ecles 5,2; Cf. 37, 27-31). La
templanza es a menudo alabada en el Antiguo Testamento:
No vayas detrás de tus pasiones, tus deseos refrena (Ecles
18, 30). En el Nuevo Testamento es llamada moderación o
sobriedad. Debemos vivir con moderación, justicia y piedad
en el siglo presente (Tit 2, 12).
Vivir bien no es otra cosa que amar a Dios sobre todas
las cosas, con todo el corazón, con toda el alma y con todo el
obrar. Quien no obedece más que a Él (lo cual pertenece a la
virtud de la justicia), vela para discernir todas las cosas por
miedo a dejarse sorprender por la astucia y la mentira, lo cual
pertenece a la virtud de la prudencia y entrega su amor entero
a Dios, porque ese amor ninguna desgracia lo puede derribar.
S. Agustín, mor. eccl. 1, 25, 46. CIC 1809.
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