Page 149 - Nuestra Señora de Chiquinquirá de La Estrella
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un lado, el cuidado egoísta y exagerado de sí mismo,
especialmente del propio cuerpo y su confort. En otro
sentido, se encuentra la angustia por conservar un mundo
consumista que llama prudente a aquel que evita pasar
por el trance de ser valiente. Así, prudente viene a ser el
que utiliza el recurso de llegar tarde en los momentos
de peligro o de gran dificultad y donde no hay caridad
o acción buena que no sea tachada de imprudente, a la
vez que no existe actitud mala que no sea considerada
prudente, por ejemplo: la falsedad, el engaño, el abuso
hacia los demás, la mediocridad y la cobardía, son
consideradas acciones inteligentes y prudentes.
Es un principio de común aceptación que las cuatro
virtudes cardinales se van desarrollando en el alma hu-
mana por medio de la educación, siempre en el mismo
grado y con la misma intensidad. No es posible que exista
justicia, fortaleza y templanza en quien no es prudente,
porque la prudencia forma parte de la misma definición
del bien.
El bueno siempre es prudente y solo quien rechaza
la verdad natural o sobrenatural es realmente malo e
incapaz de conversión. Es por esto que Nuestro Señor
Jesucristo, califica esta forma de mal como pecado de
espíritu. (Mat 12,32). En este sentido viene a ser lo mismo
que la prudencia, aquello que solemos llamar conciencia.
(Pieper, J, p.44).
La prudencia nos enseña los caminos y medios
correctos para alcanzar el bien, es por tanto conocimiento
profundo y fecundo de las cualidades de la naturaleza;
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