Page 144 - Nuestra Señora de Chiquinquirá de La Estrella
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Esa luz particular en cada ser humano es su forma
específica de reverenciar, amar y dar gloria a Dios y
se llama la Luz de Cristo que ilumina a todo hombre y que
cada uno de nosotros lleva dentro de sí mismo, haciendo
que cada persona sea única e irrepetible en la historia,
brillando cada uno de una manera especial en su imagen
y semejanza con el Creador.
El conjunto de la sociedad humana unida y orien-
tada por la Iglesia en la práctica de las virtudes, en las
personas, en las culturas, en las instituciones, en los usos
y costumbres, canta la gloria de Dios y contribuye a la
salvación individual de las almas. Así, vinculadas las
luces primordiales, ellas están unidas a la luz de los án-
geles y de las almas penitentes, expresando de manera
admirable, como si fuera el más excelente y bellísimo
firmamento de estrellas, la gloria infinita de Dios, en el
universo creado y entre sí comunicado.
Lo contrario de la luz primordial que hay en cada
uno y de la comunicación que existe entre la Iglesia
triunfante, purgante y militante, son los vicios que final-
mente conducen a quienes se dejan arrastrar por ellos,
al reino de los hipócritas, donde domina la disonancia
cognitiva, la desarmonía en las decisiones y la cacofonía
en los usos y costumbres, se niega toda forma de orden,
belleza y felicidad; el propio ser embebido en el odio e
imposibilitado de amar, sufre pesar y dolor intenso por
toda la eternidad, a tal extremo de querer destruir el
propio ser y no poder hacerlo. Por eso dice San Agustín,
en su obra Las Confesiones: “Nos has hecho para ti, Señor,
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