Page 168 - Nuestra Señora de Chiquinquirá de La Estrella
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No se negará ciertamente la existencia de un substrato
material en la transmisión de los caracteres hereditarios;
para sorprenderse de ellos sería necesario olvidar la íntima
unión de nuestra alma con nuestro cuerpo, y la elevada
proporción en que dependen de nuestro temperamento
físico, nuestras mismas actividades espirituales. Por eso, la
moral cristiana no deja de recordar a los padres las grandes
responsabilidades que les corresponden en este sentido.
Pero lo que más cuenta es la herencia espiritual transmitida,
no tanto por los misteriosos lazos de la generación material,
como por la acción profunda de ese ambiente privilegiado
que la familia constituye; por la lenta y profunda formación
de las almas en la atmósfera de un hogar, rico en altas
tradiciones intelectuales, morales y sobre todo cristianas;
por la mutua influencia entre aquellos que habitan en
una misma casa, influencia cuyos beneficiosos efectos se
proyectan hasta el final de una larga vida, mucho más
allá de los años de la niñez y de la juventud, en aquellas
almas elegidas que saben fundir en sí mismas los tesoros
de una preciosa herencia con la contribución de sus propias
cualidades y experiencias.
Es este un patrimonio, más valioso que ningún otro, que,
iluminado por una fe firme, vivificado por una fuerte y fiel
práctica de vida cristiana en todas sus exigencias, elevará,
refinará y enriquecerá, las almas de vuestros hijos.
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