Page 31 - Libro Nuestra Señora de La Estrella
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En los mapas del Nuevo Mundo que hicieron los
comerciantes holandeses en el siglo XVII, basados en las
crónicas españolas, aparece Arví (Arbi en lengua indígena)
muy bien situado, en la banda oriental de la cordillera de
los nevados. Pero lo cierto es que no se ha encontrado un
sitio que lleve ese nombre.
El Mariscal Jorge Robledo, sale de Cartago hacia el
norte en enero de 1541, en una expedición que lo llevaría a
fundar, cerca del cerro de Buriticá, la Ciudad-Provincia de
Antioquia en diciembre del mismo año. Pero Robledo se
detuvo allí muy poco tiempo, él quería encontrar lo antes
posible un valle llamado Arví, del que le habían hablado
los indígenas, y que prometía una soñada riquísima
gobernación y gozar de un territorio que él pudiera
gobernar por sí mismo y heredar a su familia.
La idea de encontrar un Dorado, se debe
originalmente al Teniente General Sebastián de Belalcázar,
que andando por la ciudad de Quito, preguntó a unos
indígenas de dónde venían, debido a que tenían apariencia
de forasteros, uno de ellos le dijo que era de Bogotá, y
preguntándole por las cosas de su tierra, le contó: “el señor
de esas tierras de dónde vengo que están entre unas
sierras, completamente desnudo y untado de aceite de
trementina es bañado en polvo de oro por toda su tribu y
cuando ya está cuajado de color dorado y completamente
brillante, entraba al medio día en una balsa y se dirige al
centro de la laguna encantada, donde relumbraba
muchísimo. Allí adora el sol y luego se sumerge en la
laguna”. Belalcázar se puso a pensar y no supo cómo
llamar a esa Provincia. Entonces sus soldados propusieron
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