Page 34 - Libro Nuestra Señora de La Estrella
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Con todo este suceso los indígenas desbarataron a los
            españoles,  quedando  muchos  muertos,  de  lo  que
            obtuvieron no pequeño pillaje, que se acrecentó con otras

            victorias de menos consideración que fueron  teniendo de
            indios que les iban picando por el camino y siguiendo el
            rumbo que llevaban.

                  Entraron los españoles entre las  barrancas de una
            quebrada seca, bien fatigados de  sed por el gran calor y
            falta de agua que les afligía, hasta que encontraron sobre

            una de ellas un pueblezuelo, cuyos moradores, á vista de
            los  soldados  lo  desampararon,  excepto  un  indígena  viejo
            que los dirigía, con algunos que le acompañaron.

                  Se hizo fuerte el jefe indio en su caney procurando con

            mucha valentía desde allí defenderse con  flechas, los
            nuestros viendo que eran muy pocos no los acometiesen.

                  Enseguida el capitán Tejelo hizo llamar al jefe indígena
            para que viniese en paz, en lo que puso mucha diligencia
            para evitar perecieran sus indios.


                  Mitigado el jefe indígena con las buenas palabras que
            le decía el Capitán, sacó por la puerta del bohío entre sus
            manos una criatura de siete u ocho meses de nacida.


                  Preguntándole  Tejelo  qué era lo que pretendía con
            aquel niño, le respondió que se la daba para que comiese.
            Respondiéndole  el  Capitán  que no venían a comer
            hombres sino a ser sus amigos y parientes y hacer de paces
            con él.



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