Page 139 - Propiedad privada Institución y Derecho
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Hecha esta consideración, se podría preguntar si los propie-
tarios no estarían entonces obligados en conciencia a renun-
ciar a su derecho en favor del bien común, permitiendo así
el establecimiento de la comunidad de bienes sobre una base
moralmente legítima de proteger la propia vida, a partir de la
cual el católico podría aceptar sin problemas de conciencia el
régimen comunista.
Ese parecer es inconsistente, toda vez que confunde la institu-
ción de la propiedad privada, como tal, con el derecho de pro-
piedad de personas concretamente existentes en determinado
momento histórico. Admitida como válida la renuncia de
esas personas a su patrimonio, impuesta bajo el efecto de una
brutal amenaza al bien común, sus derechos cesarían. De ahí
no derivaría de ningún modo la eliminación de la propiedad
privada como institución. Ella continuaría existiendo, por así
decir, in radice, en el propio orden natural de las cosas, como
inmutablemente indispensable al bien espiritual y material de
los hombres y de las naciones, y como un imperativo inque-
brantable de la Ley de Dios.
Y, por continuar existiendo así, in radice, ella estaría re-
naciendo en todo momento. Cada vez, por ejemplo, que
un pescador o un cazador se apoderase, en el mar o en el
aire, de lo necesario para sustentarse y para acumular algu-
na economía. Cada vez que un intelectual o un trabajador
manual produjese más de lo indispensable para vivir día a
día, y reservase para sí lo sobrante, se habrían reconstitui-
do pequeñas propiedades privadas. Y, como es normal, esas
propiedades tenderían a crecer. Entonces, para evitar cada
vez la posibilidad de una resistencia anticomunista, sería ne-
cesario estar repitiendo en cada momento las renuncias para
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