Page 62 - Propiedad privada Institución y Derecho
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Comentario


               Todos los seres humanos son nuestro prójimo, enseña el
               Evangelio (Lc. 10, 29-37). En efecto, todos fuimos creados a
               imagen y semejanza de Dios y redimidos por Jesucristo. Así

               que a todos debemos amor fraterno. Pero el amor al prójimo
               tiene grados; uno es el amor propio, otro el amor paterno
               y materno, otro es el amor filial, el amor conyugal, el amor
               a los hermanos y parientes, al maestro, a los alumnos, del
               patrono a sus empleados, también el amor a quienes ejercen
               la autoridad pública, etc. Los Diez Mandamientos y todos
               los moralistas afirman que el amor tiene grados.


               Por tanto, es falso decir que el confort, la cultura y el brillo
               social benefician únicamente a los más ricos y solo redunda
               en provecho exclusivo de ellos. Eso es negar el amor en sus
               diversas y naturales manifestaciones.


               Este planteamiento materialista es el más radicalmente
               opuesto al ejercicio de la caridad cristiana. Pues, enseña

               la Sagrada Escritura que el cuerpo no debe amarse por sí
               mismo, sino por amor a Dios, para ofrecerle gloria ex-
               terna y practicar la virtud (Rom. 6, 13-19), y tiene una
               dignidad especial como templo vivo del Espíritu Santo (1
               Cor. 6,19-20). También el cuerpo es santificado en cierto
               modo por la gracia (1 Cor. 3,16-17) y es capaz de la gloria
               eterna a Dios por la resurrección de los muertos (1 Cor.
               15,42-44).


               Santo Tomás de Aquino, en la Suma Teológica, cuestión 26,
               “Orden de la caridad”, enseña lo siguiente:




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