Page 276 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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¡Claro! Es pecado...

                     ¡Qué trabajo les costaría el estar callados e
               ir  a  Misa!  ¡Qué  lástima  me  dan  los  pecadores!
               ¡Si yo pudiera mostrarles el infierno!


                     Algunas  veces,  de  una  manera  repentina,
               se agarraba a mí y me decía:

                     Yo voy al Cielo; pero tú te quedas aquí; si
               Nuestra  Señora  te  lo  permitiera,  di  a  todo  el
               mundo cómo es el infierno,  para que no
               cometan pecados y no vayan allá.


                     Otras veces, después de estar un poco de
               tiempo pensando, decía:

                     ¡Tanta  gente  que  va  al  infierno!  ¡Tanta
               gente en el infierno!

                     Para  tranquilizarla,  yo  le  decía:  No  tengas

               miedo. Tú irás al Cielo.

                     Voy, voy –decía con paz–, pero yo quisiera
               que todas aquellas gentes fueran también para
               allá.

                     Cuando  ella,  por  mortificarse,  no  quería
               comer,  yo  le  decía:  ¡Jacinta!,  anda,  ahora
               come.





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