Page 297 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
P. 297

miradas  humanas.  De  mesa, me  sirve mi
               regazo; de silla, una maleta vieja.

                     Alguien me dirá, ¿por qué no escribe en su
               celda?


                     El buen Dios  ha hecho bien en privarme
               hasta de la celda, a pesar de que aquí en casa
               hay  bastantes y desocupadas.  En efecto,  para
               la realización de sus designios, es más a
               propósito la sala de recreo y trabajo, tanto más
               incómoda  para  escribir  alguna  cosa  durante  el
               día,  cuanto  demasiado  buena  para  descansar
               durante  la  noche.  Más  estoy  contenta  y

               agradezco  a  Dios  la  gracia  de  haber nacido
               pobre,  y de vivir, por amor suyo, más pobre
               todavía.

                    ¡Ay,  mi  Dios!  ¡Nada,  nada  de  eso  quería
                decir!


                    Vuelvo a lo que Dios me deparó, al abrir el
                Nuevo Testamento: En la carta de San Pablo a
                los  Filipenses  (2,  5-8),  leí  así:  «Tened  los
                mismos  sentimientos que tuvo Cristo  Jesús,

                quien,  teniendo  la  naturaleza  de  Dios...,  se
                anonadó, tomando la forma de siervo; y en la
                condición  de  hombre  se  humilló,  hecho
                obediente hasta la muerte,…».


                    Después de reflexionar un poco, leí todavía


                                                                              291
   292   293   294   295   296   297   298   299   300   301   302