Page 301 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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no me importa. No  manifestaba,  como  Jacinta,
               la  pasión  por  la  danza;  gustaba más  de  tocar
               la flauta, mientras otros danzaban.

                     En  los  juegos,  era  muy  animado,  pero  a
               pocos les gustaba jugar  con  él,  porque  perdía

               casi      siempre.        Yo      misma        confieso        que
               simpatizaba  poco  con  él,  porque  su  natural
               tranquilidad excitaba a veces los nervios de mi
               excesiva viveza.

                     A veces, cogiéndole por el brazo le obligaba
               a  sentarse  en  el  suelo,  o  en  alguna  piedra,
               mandándole  que  se  estuviera  quieto;  y  él  me

               obedecía  como  si  yo  tuviese  una  gran
               autoridad.

                     Después sentía pena  e iba  a buscarlo
               asiéndole por la mano, y regresaba con el mismo
               buen humor como  si  nada  hubiera  acontecido.
               Si alguno de los otros niños porfiaba en quitarle

               alguna cosa que le era propia, decía:

                     ¡Deja ya!, ¿a mi qué me importa?

                     Recuerdo que un día llegó a mi casa con un
               pañuelo  en  el  que  estaba  pintada  Nuestra
               Señora  de  Nazaré  que  le  habían  traído  de  esa
               misma playa. Me lo enseñó con una gran alegría
               y  toda  aquella chiquillada  le  admiró.  Andando

               de  mano  en  mano,  al  rato  el  pañuelo



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