Page 303 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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nada  le  gustaba  tanto  como  el  bonito  nacer  y
               ponerse el sol. Mientras se viese algún rayo de
               éste, no investigaba si ya había alguna candela
               encendida.

                     Ninguna  candela  es  tan  bonita  como  la  de

               Nuestro Señor,  decia él a Jacinta, a la que le
               gustaba  más  la  de  Nuestra  Señora;  porque,
               según ella, no hace daño a la vista.

                     Y, entusiasmado, seguía con la vista a
               todos los rayos que centelleando en los cristales
               de  las  casas  de  las  aldeas  vecinas,  o en las
               gotas de rocío esparcidas en los árboles y

               matorrales de la sierra, los hacían brillar como
               otras  tantas  estrellas,  a  su  manera  de  ver  mil
               veces más bonitas que las de los Ángeles.

                     Cuando con tanta insistencia  pedía a su
               madre que le dejase ir con su rebaño para estar
               conmigo, era más bien por darle gusto a Jacinta

               que le quería más que a su hermano Juan. Un
               día que la madre, un poco enfadada, le negaba
               este permiso, contestó con su paz natural:

                     A mí, madre, poco me interesa. Es Jacinta
               la que quiere que yo vaya.

                     En otra ocasión, confirmó esto mismo. Vino
               a  mi  casa  una  de  mis  antiguas  compañeras

               para invitarme a ir con ella, pues tenía para ese



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