Page 302 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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desaparició. Se buscó, pero no se encontró.
Poco después lo descubrí en el bolsillo de otro
pequeño. Intenté quitárselo, pero él porfiaba
que era suyo, que también se lo habían traído
de la playa. Entonces Francisco, para acabar
con la contienda, se acercó diciendo:
¡Déjalo ya!, ¿qué me importa a mi el
pañuelo?
Me parece que si hubiera llegado a ser
mayor, su defecto principal hubiera sido el de
“tú, Tranquilo”.
Cuando a los siete años comencé a
pastorear mi rebaño, él pareció estar
indiferente. Allá iba por la noche a esperarme
con su hermanita; pero parecía ir por
complacerla y no por amistad.
Iban a esperarme en el patio de mis padres.
Y mientras Jacinta salía a mi encuentro,
corriendo, tan pronto sentía los balidos del
rebaño, él me esperaba sentado sobre las
gradas de piedra que había delante de la
entrada de la casa. Después nos acompañaba a
la vieja era a jugar, mientras aguardábamos a
que Nuestra Señora y los ángeles encendiesen
sus candelas.
Él se animaba también a contarlas, pero
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