Page 306 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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embargo,  la  oración  la  aprendió  de  tanto
               repetirla nosotras, pues decía que no había oído
               nada al Ángel.

                     Cuando  después  nos  poniámos  de  rodillas
               para  rezar  esta  oración,  él  puesto  en  esta

               postura se cansaba el primero; pero permanecía
               de  rodillas  o  sentado  rezando  también  hasta
               acabar con nosotros. Después decía:

                     Yo  no  soy  capaz  de  estar  así  tanto  tiempo
               como  vosotras.  Me duelen  tanto  las  espaldas,
               que no puedo.


                     En la segunda Aparición del Ángel, junto al
               pozo,       pasados         los     primeros         momentos
               siguientes, preguntó:

                     Tú hablaste con el Ángel; ¿qué fue lo que te
               dijo?


                     ¿No oíste?

                     No, vi que hablaba contigo; oí lo que tú le
               decías; pero lo que él te dijo no lo sé.

                     Como el ambiente de lo sobrenatural en el
               que él nos dejaba, no había pasado del todo, le
               dije que me lo preguntase al día siguiente, o a
               Jacinta.





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