Page 308 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Cuando hablábamos del Ángel, no sé lo que
sentíamos. Jacinta decía:
No sé lo que siento. Yo no puedo hablar, ni
cantar, ni jugar, ni tengo fuerza para nada.
Yo tampoco –respondió Francisco– más
¿qué importa? El Ángel es más bello que todo
esto. Pensemos en él.
En la tercera Aparición, la presencia de lo
sobrenatural fue todavía mucho más intensa.
En muchos días, Francisco ni siquiera se atrevía
a hablar. Decía después:
Me alegró mucho ver el Ángel; pero lo malo
es que después no somos capaces de nada. Yo
ni andar podía. No sé lo que tenía.
A pesar de todo fue él quien se dio cuenta,
una vez pasada la tercera Aparición del Ángel,
de lo próxima que estaba la noche. El fue quien
nos lo advirtió y quien pensó en conducir el
rebaño a casa.
Pasados los primeros días, y recuperado el
estado normal, Francisco preguntó:
El Ángel, a ti te dio la Sagrada Comunión;
pero a mí y a Jacinta, ¿qué fue lo que nos dio?
Fue también la Sagrada Comunión,
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