Page 312 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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están  tan tristes...! Si  con estos  sufrimientos
               podemos consolarlos, ya quedamos contentos.

                     Pocos días después de la primera Aparición
               de  Nuestra  Señora,  al  llegar  al  sitio  del  pasto,
               subió a un elevado peñasco y nos dijo:


                     Vosotras  no  vengáis  para  acá;  dejadme
               estar solo.

                     Está  bien.  Y  me  puse  con  Jacinta  a  correr
               detrás  de  las  mariposas, que prendíamos para
               después dejarlas huir y así hacer un  sacrificio;
               sin acordarnos más de Francisco.


                     Llegada la hora de la merienda  nos  dimos
               cuenta de su ausencia y allá fui a llamarlo:

                     Francisco, ¿no quieres venir a merendar?

                     No; comed vosotras. ¿Y rezar el rosario? A

               rezar, después voy; vuelve a llamarme.

                     Cuando volví a llamarle, me dijo:

                     Venid a rezar aquí, junto a mí.

                     Subimos  a  lo  alto  del  peñasco,  donde
               apenas cabíamos los tres puestos de rodillas y
               le pregunté:





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