Page 445 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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olvidándonos de que somos custodios de
nuestro prójimo y de nuestra casa común.
Hemos destrozado con la guerra el jardín
de la tierra, hemos herido con el pecado el
corazón de nuestro Padre, que nos quiere
hermanos y hermanas. Nos hemos vuelto
indiferentes a todos y a todo, menos a nosotros
mismos. Y con vergüenza decimos:
perdónanos, Señor.
En la miseria del pecado, en nuestros
cansancios y fragilidades, en el misterio de la
iniquidad del mal y de la guerra, tú, Madre
Santa, nos recuerdas que Dios no nos
abandona, sino que continúa mirándonos con
amor, deseoso de perdonarnos y levantarnos
de nuevo.
Es Él quien te ha entregado a nosotros y ha
puesto en tu Corazón inmaculado un refugio
para la Iglesia y para la humanidad. Por su
bondad divina estás con nosotros, e incluso en
las vicisitudes más adversas de la historia nos
conduces con ternura.
Por eso recurrimos a ti, llamamos a la
puerta de tu Corazón, nosotros, tus hijos
queridos que no te cansas jamás de visitar e
invitar a la conversión.
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