Page 448 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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que sufren y huyen bajo el peso de las bombas.

                     Que tu abrazo materno consuele a los que
               se ven obligados a dejar sus hogares y su país.

                     Que  tu  Corazón  afligido  nos  mueva  a  la

               compasión,  nos  impulse  a  abrir  puertas  y  a
               hacernos  cargo  de  la  humanidad  herida  y
               descartada.

                     Santa  Madre  de  Dios,  mientras  estabas  al
               pie de la cruz, Jesús, viendo al discípulo junto a
               ti, te dijo: «Ahí tienes a tu hijo» (Jn 19,26), y
               así nos encomendó a ti. Después  dijo al

               discípulo, a cada uno de nosotros: «Ahí tienes a
               tu madre» (v. 27).

                     Madre, queremos acogerte ahora en
               nuestra vida y en nuestra historia. En esta hora
               la humanidad, agotada y abrumada, está
               contigo al  pie de  la cruz. Y  necesita

               encomendarse  a  ti,  consagrarse  a  Cristo  a
               través de ti.

                     El pueblo ucraniano y el pueblo ruso, que te
               veneran  con  amor,  recurren  a  ti,  mientras  tu
               Corazón  palpita  por  ellos  y  por  todos  los
               pueblos  diezmados  a  causa  de  la  guerra,  el
               hambre, las injusticias y la miseria.


                     Por eso, Madre de Dios y nuestra, nosotros



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