Page 446 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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En esta hora oscura, ven a socorrernos y
consolarnos. Repite a cada uno de nosotros:
«¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?».
Tú sabes cómo desatar los enredos de
nuestro corazón y los nudos de nuestro tiempo.
Ponemos nuestra confianza en ti. Estamos
seguros de que tú, sobre todo en estos
momentos de prueba, no desprecias nuestras
súplicas y acudes en nuestro auxilio.
Así lo hiciste en Caná de Galilea, cuando
apresuraste la hora de la intervención de Jesús
e introdujiste su primer signo en el mundo.
Cuando la fiesta se había convertido en tristeza
le dijiste: «No tienen vino» (Jn 2,3). Repíteselo
otra vez a Dios, oh Madre, porque hoy hemos
terminado el vino de la esperanza, se ha
desvanecido la alegría, se ha aguado la
fraternidad.
Hemos perdido la humanidad, hemos
estropeado la paz. Nos hemos vuelto capaces
de todo tipo de violencia y destrucción.
Necesitamos urgentemente tu ayuda materna.
Acoge, oh Madre, nuestra súplica.
Tú, estrella del mar, no nos dejes naufragar
en la tormenta de la guerra.
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