Page 51 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Me parece que ya expuse en lo escrito
sobre Jacinta o en una carta, que el miedo que
sentíamos, no fue propiamente de Nuestra
Señora, sino de la tormenta que supusimos iba
a venir, y de la cual queríamos huir.
Las apariciones de Nuestra Señora no in-
funden miedo o temor, pero si sorpresa. Cuando
preguntaban si habíamos sentido miedo, y de-
cía que sí, me refería al miedo que habíamos
tenido de los relámpagos y del trueno que su-
ponía vendría próximo; y de eso fue de lo que
queríamos huir, pues estábamos habituados a
ver relámpagos sólo cuando tronaba.
Los relámpagos tampoco eran propiamente
relámpagos, sino el reflejo de una luz que se
aproximaba. Por ver esta luz es por lo que
decíamos a veces que veíamos venir a Nuestra
Señora; pero a Nuestra Señora propiamente
sólo la distinguíamos en esa luz cuando estaba
ya sobre la encina.
El no sabernos explicar o el querer evitar
preguntas fue lo que dio lugar a que algunas
veces decíamos que la veíamos venir; otras que
no. Cuando decíamos que sí, que la veíamos
venir, nos referíamos a que veíamos aproxi-
marse esa luz que al final era Ella. Y cuando de-
cíamos que no la veíamos venir, nos referíamos
a que Nuestra Señora sólo la veíamos propia-
mente cuando estaba ya sobre la encina.
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