Page 50 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Fue  al  pronunciar  estas  últimas  palabras
               (la  gracia  de  Dios, etc...) cuando abrió por
               primera vez las manos comunicándonos una luz
               tan  intensa  como  un  reflejo  que  de  ellas  se
               irradiaba, el cual nos  penetraba  en  el  pecho  y

               en  lo  más  íntimo  del  alma,  haciéndonos ver a
               nosotros mismos en Dios que era esa luz, más
               claramente  que  nos  vemos  en  el  mejor  de  los
               espejos.

                     Entonces  por  un impulso  íntimo,  también
               comunicado,  caímos  de  rodillas  y  repetíamos
               íntimamente:  «Oh  Santísima  Trinidad,  yo  Os

               adoro.  Dios  mío,  Dios  mío,  yo  Os  amo  en  el
               Santísimo Sacramento».

                     Pasados  los  primeros  momentos,  Nuestra
               Señora añadió:

                     Todos  los  días  rezad  el  Rosario,  para

               alcanzar  la  paz  para  el  mundo  y el fin de la
               guerra.

                     En  seguida  comenzó  a  elevarse  suave-
               mente, subiendo en dirección al naciente, hasta
               desaparecer en la inmensidad de la lejanía. La
               luz  que  la  rodeaba  iba  como  abriendo  camino
               en la bóveda  de  los  astros,  motivo  por  el  cual
               alguna  vez dijimos  que habíamos visto abrirse

               el Cielo.



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