Page 45 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Pero gracias a Dios que venía acompañada
               por el confesor. En un momento dado, sacó una
               pregunta  premeditada  sobre  el  secreto.  Me
               sentí perpleja, sin saber qué contestar.

                     Con una mirada; el confesor me entendió y

               respondió  por  mí.  El  interlocutor  entendió
               también y se limitó a taparme la cara con unas
               revistas que tenía delante.

                     Así Dios me iba mostrando  que aún no
               había llegado el momento por Él establecido.

                     Paso, entonces, a escribir las apariciones de

               Nuestra  Señora. No me  paro a escribir las
               circunstancias que las preceden, ni las que las
               siguieron, habida cuenta que el sr. Dr. Galamba
               hizo el favor de dispensarme de ello.






























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