Page 42 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Santísima Trinidad, Padre, Hijo,
Espíritu Santo, os adoro
profundamente y os ofrezco el
preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma
y Divinidad de Jesucristo, presente
en todos los sagrarios de la tierra,
en reparación de los ultrajes,
sacrilegios e indiferencias con que
Él mismo es ofendido. Y por los
méritos infinitos de su Santísimo
Corazón y del Corazón Inmaculado
de María, os pido la conversión de
los pobres pecadores.
Y desapareció.
Transportados por la fuerza de lo
sobrenatural que nos envolvía, imitábamos al
Ángel en todo; es decir, postrándonos como él
y repitiendo las oraciones que él decía.
La fuerza de la presencia de Dios era tan
intensa, que nos absorbía y anonadaba casi del
todo. Parecía privarnos hasta del uso de los
sentidos corporales por un gran espacio de
tiempo.
En aquellos días, hacíamos las acciones
materiales como transportados por ese mismo
ser sobrenatural que a eso nos impulsaba.
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