Page 43 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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La  paz  y la felicidad que  sentíamos,  era
               inmensa;  pero  sólo  interior,  completamente
               concentrada el alma en Dios.

                     El  abatimiento  físico  que  nos  postraba,
               también era grande.



                                       2.2  El silencio

                     No sé por qué  las  apariciones de Nuestra
               Señora producían en nosotros efectos muy
               diferentes. La misma alegría interior, la misma
               paz y felicidad, pero en vez de este abatimiento

               físico, una cierta agilidad expansiva; en vez de
               este anonadamiento en la Divina presencia, un
               exultar  de  alegría,  en  vez  de  esa  dificultad  en
               hablar, un cierto entusiasmo comunicativo.
               Pero  a  pesar de estos sentimientos, sentía la
               inspiración de callar sobre todo algunas cosas.


                     En  los  interrogatorios  sentía  la  inspiración
               íntima que me indicaba las respuestas que, sin
               faltar  a  la  verdad,  no  descubriesen  lo  que  por
               entonces debía ocultar. En este sentido me
               queda sólo una duda: «Si no debía haber dicho
               todo en el interrogatorio canónico».

                     Pero  no  siento  escrúpulos  por  haber  ca-
               llado, porque a esa edad no tenía aún conoci-

               miento de la importancia de ese interrogatorio.



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