Page 39 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
P. 39
Era tan íntima que no era fácil pronunciar
sobre ella la menor palabra. Nos hizo tal vez
mayor impresión por ser la primera tan mani-
festa.
La segunda debió de ser en el medio del
verano, en esos días de mayor calor, en que
íbamos con el rebaño para casa, a media
mañana, para volver a llevarlo ya a media
tarde.
Fuimos, pues, a pasar las horas de la siesta
a la sombra de los árboles que rodeaban el
pozo, ya varias veces mencionado.
De repente, vimos al mismo Ángel junto a
nosotros.
¿Qué hacéis? ¡Orad! ¡Rezad mucho! Los
Corazones de Jesús y de María tienen sobre vo-
sotros designios de misericordia. Ofreced
constantemente al Altísimo, plegarias y sacrifi-
cios.
¿Cómo nos hemos de mortificar? Pregunté.
En todo lo que podáis, ofreced un
sacrificio, en acto de reparación por los
pecados con que Él es ofendido, y de
súplica por la conversión de los
pecadores. Atraed así sobre vuestra
Patria la paz. Yo soy el Ángel de su
33

