Page 37 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Estas fechas no puedo precisarlas con
certeza, porque, en esa época, no sabía contar
los años, ni los meses, ni los mismos días de la
semana. Me parece, no obstante, que debía ser
en la primavera de 1916 cuando el Ángel se
nos apareció por primera vez en nuestra roca
del Cabezo.
Ya dije en el escrito sobre Jacinta, cómo
subimos la ladera en busca de un abrigo, y
cómo fue, después de merendar y rezar allí,
que empezamos viendo a cierta distancia, sobre
los árboles que se extendían en dirección al
naciente, una luz más blanca que la nieve, con
la forma de un joven, transparente, más
brillante que un cristal atravesado por los rayos
de sol.
A medida que se aproximaba íbamos
distinguiéndole las facciones. Estábamos
sorprendidos y medio absortos. No decíamos ni
palabra.
Al llegar junto a nosotros, dijo:
¡No temáis! Yo soy el Ángel de la Paz. Orad
conmigo.
Y arrodillándose en tierra, dobló la frente
hasta el suelo. Transportados por un movi-
miento sobrenatural, le imitamos y repetimos
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