Page 33 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
P. 33

Prólogo

                     Ahora,  Exmo.,  y  Rvmo.  Señor  Obispo.
               Ahora  sí que será la  página  más costosa de
               cuantas  V.  Excia.  Rvma.,  me  ha  mandado
               escribir. Porque, después de haberme pedido

               escribir, en particular las apariciones del Ángel,
               con  todos  sus  detalles  y  pormenores,  y,  en
               cuanto  me fue posible, hasta  con los efectos
               propios íntimos, he aquí al sr. Dr. Galamba que
               pide  también  a  V.  Excia.,  la  orden  de
               mandarme escribir las apariciones de  Nuestra
               Señora.


                     Mándele, Sr. Obispo, –decía, hace poco, en
               Valenç  a  su  Rvcia–.  Mándele,  Sr.  Obispo que
               escriba todo, sí, todo. ¡Que ha de dar muchos
               vuelcos  en  el  purgatorio  por  haber  callado
               tanto!  En  cuanto  a  esto,  no  tengo  el  menor
               recelo  del  purgatorio.  Siempre  obedecí.  Y  la
               obediencia  no  merece  ni  pena  ni  castigo.

               Primero, obedecí a los movimientos íntimas del
               Espíritu Santo; luego, a las órdenes de aquellos
               que  me  hablaban  en  su  nombre.  Fue
               precisamente  ésta  la  primera  orden  y  consejo
               que,  por  medio  de  V.  Excia.  Rvma.,  el  buen
               Dios se digna darme.

                     Y,  contenta  y  feliz,  recordaba  las  palabras
               de     los     tiempos        pasados,  del  venerable

               sacerdote,  señor  Vicario  de  Torres  Novas:  «El



                                                                                27
   28   29   30   31   32   33   34   35   36   37   38