Page 38 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
P. 38
las palabras que le oímos pronunciar:
Dios mío, yo creo, adoro, espero y os
amo. Os pido perdón por los que no creen,
no adoran, no esperan y no os aman.
Después de repetir esto por tres veces, se
levantó y dijo:
¡Orad así! Los Corazones de Jesús y de
María están atentos a la voz de vuestras
súplicas.
Y desapareció.
La atmósfera sobrenatural que nos envolvía
era tan intensa, que casi no nos dábamos
cuenta de nuestra propia existencia, por un
largo espacio de tiempo, permaneciendo en la
posición que nos había dejado, repitiendo
siempre la misma oración. La presencia de Dios
se sentía tan intensa e íntima, que ni entre
nosotros mismos nos atrevíamos a hablar.
Al día siguiente todavía sentíamos el alma
envuelta en esa atmósfera que solamente iba
desapareciendo muy lentamente.
En esta aparición, nadie pensó en hablar, ni
recomendar el secreto. Ella, por sí, lo impuso.
32

