Page 35 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Con una orden contraria, me habría de
preguntar a mí misma, millares de veces, a
quién debía obedecer: a Dios o a su
representante. Y, tal vez, sin encontrar la
decisión, permanecería en una verdadera
tortura íntima.
Y luego V. Excia. Rvma., continuó hablando
en nombre de Dios:
La Hermana escriba las apariciones del
Ángel y de Nuestra Señora; porque la Hermana
está para gloria de Dios y de Nuestra Señora.
¡Qué bueno es Dios! Él es el Dios de la paz;
y por ese camino conduce a los que en Él
confíen.
Comienzo, pues, mi nuevo trabajo y
cumpliré las órdenes de V. E. Rvma., y los
deseos del sr. Dr. Galamba. Exceptuando la
parte del secreto que, por ahora, no me es
permitido revelar, diré todo. Advertidamente no
dejaré nada. Supongo que se me podrán quedar
en el tintero sólo unos pequeños detalles de
mínima importancia.
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