Page 53 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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¿Me quedo aquí sola? Pregunté, con pena.
No, hija. ¿Y tú sufreras mucho? No te
desanimes. Yo nunca te dejaré. Mi Inmaculado
Corazón será tu refugio y el camino que te
conducirá hasta Dios.
Fue en el momento en que dijo estas
palabras, cuando abrió las manos y nos
comunicó, por segunda vez, el reflejo de esa
luz inmensa. En ella nos veíamos como
sumergidos en Dios. Jacinta y Francisco
parecían estar en la parte de la luz que se
elevaba al Cielo y yo en la que esparcía sobre la
tierra.
Delante de la palma de la mano derecha de
Nuestra Señora estaba un corazón, cercado de
espinas, que parecían estar clavadas en él.
Comprendimos que era el Inmaculado Corazón
de María, ultrajado por los pecados de la
Humanidad, que pedía reparación. He aquí,
Exmo. y Reverendísimo Sr. Obispo, a lo que nos
referíamos cuando decíamos que Nuestra
Señora nos había revelado un secreto en el mes
de junio. Nuestra Señora no nos mandó aún,
esta vez, guardar secreto; pero sentíamos que
Dios nos movía a eso.
abrazare, le prometo la salvación; y estas almas serán
amadas por Dios, como flores puestas por mi para
adornar su trono.
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