Page 287 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
P. 287

en  el  mundo  como  profeta.  Pero  creo  que  ésa
               no fue la intención de Dios, al darme a conocer
               todas  estas  cosas.  Si  así  hubiese  sido,  pienso
               que,  en  1917,  cuando  me  mandó  guardar
               silencio  –orden  que  fue  confirmada  por  medio
               de los que le representaban–. Solamente quiso

               servirse  de  mí  para  recordar  al  mundo  la
               necesidad  que  tiene  de  evitar  el  pecado  y
               reparar a Dios ofendido, por la oración y por la
               penitencia.

                     ¿Dónde  me  tendría  que  ocultar,  para  no
               responder  a  las  muchas  preguntas  que  sobre
               esto me han hecho?


                     Ahora  todavía  temo,  sólo  al  pensar  en  lo
               que podría venir. Y confieso que la repugnancia
               en darlo a conocer es tal, que a pesar de tener
               presente  ante mi  la  carta  en  la  que  V.  Excia.,
               me  manda  apuntar  todo  aquello  que  pueda
               recordar y sentir en mi interior; y que este es

               el  momento  señalado  por  Dios  para  hacerlo,
               dudo,  con  verdadera  lucha,  si  entregar  o
               quemar el escrito. No sé aún lo que vencerá.

                     Será lo que Dios quiera. El silencio que he
               guardado ha sido para mí una grande gracia.

                     ¿Qué  hubiera  sido  con  la  exposición  sobre
               el  infierno? Sin dar con la palabra exacta, para

               mostrar la realidad –pues lo que ahora digo, no



                                                                              281
   282   283   284   285   286   287   288   289   290   291   292