Page 290 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Y la llevaba siempre consigo. Por la noche y
               durante  la  enfermedad,  la  tenía  bajo  la
               almohada, hasta que se rompió. La besaba con
               frecuencia y decía:

                     Lo  beso  en  el  Corazón  que  es  lo  que  más

               quiero. ¡Quién me diera también un Corazón de
               María!  ¿No  tienes  ninguno?  Me  gustaria  tener
               los dos juntos.

                     En  otra  ocasión,  le  llevé  una  estampa  con
               un sagrado cáliz y una hostia. Lo cogió, lo besó;
               y, radiante de alegría, decía:


                     Es  Jesús  escondido.  ¡Lo  quiero  tanto!
               ¡Quién  me diera  recibirlo en la  iglesia! ¿En  el
               cielo  no  se  comulga?  Si se  comulga  allí, yo
               comulgo  todos  los  días.  ¡Si  el  Ángel  fuese  al
               hospital  a  llevarme  otra  vez  la  Sagrada
               Comunión! ¡Qué contenta me quedaría!


                     A  veces,  cuando  volvía  de  la  iglesia  y
               entraba en su casa, me preguntaba:

                     ¿Comulgaste? Si le decía que sí, entonces
               decia:  Acércate  aquí,  lo  más  cerca  de  mí,  que
               tienes en tu corazón a Jesús escondido.

                     Otras veces me decía:


                     No sé  cómo es:  siento a Nuestro  Señor



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