Page 377 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Epílogo

                     Me  parece, Exmo. y Reverendísimo Señor

               Obispo, haber es- crito todo lo que hasta ahora
               V. E. mandó. Hasta aquí hice cuanto pude para
               ocultar  lo  que  las  apariciones  de  Nuestra
               Señora  en  Cova  de  Iría  tenían  de  más  íntimo.
               Siempre  que me  vi  obligada a  hablar de ellas,
               procuré  tocarlas por encima  para no descubrir
               lo que  tanto  deseaba reservarme. Pero  ahora
               que la obediencia a esto me obligó, ahí va.


                     Y  yo  quedo  como  el  esqueleto,  despojado
               de todo y hasta de la misma vida, puesto en el
               museo nacional para recordar a los visitantes la
               miseria  y  la  nada  de  todo  lo  que  pasa.  Así
               despojada, quedaré  en  el  museo  del  mundo
               recordando a los que pasan, no la miseria y la
               nada,  sino  la  grandeza  de  la  misericordia

               divina.

                     Que el buen Dios y el Inmaculado Corazón
               de María se dignen aceptar los pobres sacrificios
               que se han dignado pedirme, para avivar en las
               almas el espíritu de fe, de confianza y de amor.

                     Tuy, 8 de diciembre de 1941.











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