Page 372 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Después  de  comer,  Jacinta  empezó  a  dar
               cabezadas  con  sueño.  El  señor  José  Alves
               mandó a una de sus sobrinas a que la acostase
               en  su  cama.  Al  poco  tiempo  se  dormía
               profundamente.


                     Comenzó  a  reunirse  la  gente  del  lugar  a
               pasar  la  tarde  con  nosotros;  y  en  el  ansia  de
               estar  con  ella,  fueron  a  espiar  para  ver  si  ya
               estaba despierta. Quedaron admiradas al verla
               dormir un sueño tan profundo, con una sonrisa
               en los labios,  con un aire angelical, las manos
               juntas,  elevadas  hacia  el  Cielo.  El  cuarto  se
               llenó  ense-  guida  de  curiosos.  Todos  querían

               verla.  Y  con  dificultad  salían  unos  para  dejar
               entrar a otros. La mujer del señor José Alves y
               las sobrinas decían:

                     «Esto debe ser un ángel.»

                     Dominadas  por  un  cierto  respeto,  perma-

               necieron de rodillas junto a la cama, hasta que
               yo, cerca de las cuatro y media la fui a llamar
               para  irnos  a  rezar  el  Rosario  a  Cova  de  Iría  e
               irnos  después  a  casa.  Las  sobrinas  del  señor
               José Alves son las arriba apellidadas Caetano.













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