Page 367 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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sola.  Sin  embargo,  cuando yo estaba en  su
               compañía, se abrazaban a ella con cariño
               inocente; gustaban de cantar y jugar con ella.

                     A  veces,  me  pedían  que  fuese  a  buscarla
               cuando  no estaba, y si les decía que  ella no

               quería venir porque ellas eran malas, prometían
               ser buenas si ella iba:

                     «Vete  a  buscarla,  y  dile  que  vamos  a  ser
               buenas, si viene.»

                     En la  enfermedad  cuando  a veces la iba a
               visitar, encontraba fuera en la puerta un  buen

               grupo esperándome para entrar a verla. Parecía
               que  un  cierto  respeto  las  retenía.  Antes  de
               marcharme, alguna vez le preguntaba:

                     Jacinta: ¿quieres que diga a alguna que se
               quede contigo para hacerte compañía?


                     Pues sí, pero de esas más chicas que yo.

                     Entonces todas porfiaban diciendo:

                     «Me quedo yo! ¡Me quedo yo!»

                     Después          se       entretenía          con       ellas
               enseñándoles el Padrenuestro,  el Avemaría, a
               santiguarse,  y  también  a  cantar.  Y,  sobre  la

               cama  o sentadas en  el suelo; o,  si estaba



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