Page 362 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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en masa a la casa de la buena mujer con el fin
               de coger sitio; y menos mal que nos dejaron el
               paso libre.

                     Cuando  íbamos  de  camino  nos  salió  al
               encuentro una muchacha de unos veinte años.

               Llorando,  se  inclinó  de  rodillas,  y  pide  que
               entremos  en  su  casa  a  rezar  siquiera  un
               Avemaría para la mejora de su padre que hacia
               más  de  tres  años  que  no  podía  descansar  a
               causa de un continuo hipo.

                     Imposible resistirse a una escena de éstas.
               Le ayudé a la pobre chica a levantarse; y, como

               la     noche        ya     estaba        bastante        entrada
               (caminábamos a la luz de unas linternas), dije a
               Jacinta que se quedase allí, mientras yo rezaba
               el  Rosario  con  el  pueblo,  y  que  al  regreso  la
               llamaría.

                     Cuando  volví,  encontré  a  Jacinta  sentada

               en  una  silla  frente  a  aquel  hombre,  no  muy
               viejo, flaco y llorando de emoción. Le rodeaban
               algunas personas más, que supongo  serían  de
               la  familia.  Al  verme,  Jacinta  se  levantó,  se
               despidió  prometiendo  no  olvidarlo  en  sus
               oraciones,  y  otra  vez  nos  fuimos  a  casa  de  la
               sra. Emilia.

                     Al  día  siguiente,  salimos  de  madrugada

               para Olival, y volvimos pasados unos tres días.



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