Page 357 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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del Señor y de la Virgen, que son tan buenos!

                     Pues es cierto. Tal vez ni me acuerde.

                     Y ahora añado yo:
                     Tal vez no se acordó más.


                                                                    ¡Paciencia!

                                     Muerte santa

                     Cuando era de noche, me despedí de él:


                     Francisco,  adiós.  Si  fueras  esta  misma
               noche  al  Cielo,  no  te olvides de mí. ¿Has
               escuchado?
                     No me olvido, no. Quédate tranquila.

                     Y agarrándome la mano derecha, la apretó

               con  mucha  fuerza  durante  un buen rato,
               mirándome con lágrimas en los ojos.

                     ¿Deseas  alguna  cosa  más?  –le  pregunté
               con  lágrimas que  también  me  corrían  por  las
               mejillas.

                     No, me respondió con voz apagada.


                     Como        la     escena        estaba       poniéndose
               demasiado  conmovedora, mi  tía  me  pidió  que
               saliese del dormitorio.



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