Page 361 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Más apuntes sobre Jacinta
Una curación milagrosa
Me pedía, además, el sr. Dr. Galamba que
escribiese alguna gracia más que se haya
alcanzado por medio de Jacinta. Me puse a
pensar un poco y recuerdo apenas dos.
La primera vez que la buena sra. Emilia, de
la cual hablé en el segundo escrito sobre
Jacinta, fue a buscarme para llevarme a Olival,
a casa del Sr. Vicario y vino Jacinta conmigo.
Cuando llegamos a la aldea donde vivía esta
buena viuda, era de noche. A pesar de eso, la
noticia de nuestra llegada no tardó en
divulgarse, y la casa de la sra. Emilia se halló
pronto llena de innumerables personas. Querían
vernos, preguntarnos, pedirnos favores, etc.
Había allí una mujer piadosa que solía rezar en
su casa el Rosario con las personas de la
pequeña aldea que querían unirse a ella. Vino
después a pedirnos que fuésemos allí a su casa
a rezar el Rosario.
Quisimos excusarnos, diciendo que lo
rezábamos con la señora Emilia, pero las
súplicas fueron tantas que no hubo otro remedio
sino acceder.
A la noticia de que íbamos, el pueblo corrió
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