Page 366 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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presencia de Dios en todos sus actos, propio de
               personas  de  edad  avanzada  y  de  gran  virtud.
               No  le  vi  nunca  aquella  excesiva  ligereza  o
               entusiasmo propio de las niñas por los adornos
               y los juegos. (Esto, después de las apariciones;
               ya que antes, era la número uno de capricho y

               entusiasmo).

                     No puedo decir que las otras niñas corriesen
               junto a ella, como lo hacían junto a mí. Y esto
               tal  vez  porque  ella  no  sabía  cantar  tanto  y
               tantas         historias         para        enseñarles            y
               entretenerles; o también, porque la seriedad de
               su porte era muy superior a su edad. Si en su

               presencia  una  niña  o  también  personas
               mayores,  decían  alguna palabra grosera.  Ella
               decia:

                     No hagáis esto, que ofende a Dios Nuestro
               Señor, que ya está muy ofendido.


                     Si  alguna  persona  o  niña  contestaba
               llamándola          beata       o    santurrona         o     cosa
               semejante, lo que ocurría varias veces, ella las
               miraba con cierta seriedad, y sin decir palabra,
               se alejaba.

                     Tal vez  fuese éste uno  de los  motivos por
               los que no gozase de más simpatía. Al estar yo
               cerca  de  ella,  en  seguida  se  juntaban  decenas

               de  niñas;  y  al  marcharme  pronto  se  quedaba



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