Page 369 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
P. 369
Estoy igual, o parece que estoy peor.
Muchas gracias.
Con un aspecto más bien triste se mantenía
en silencio delante del visitante. Las personas se
sentaban allí a veces largo rato, al parecer
sintiéndose felices. Allí también tuvieron lugar
minuciosos y fatigosos interrogatorios, y ella,
sin mostrar nunca la más mínima impaciencia o
aburrimiento, sólo me decía después:
¡Me dolía tanto la cabeza, de oír a aquella
gente! Ahora que no puedo huír para
esconderme, ofrezco más sacrificios de éstos a
Nuestro Señor.
Las vecinas a veces iban a coser la ropa a su
alcoba, y decían:
“Voy a trabajar un poco al pie de Jacinta. No
sé qué es lo que ella tiene. Se está a gusto a su
lado”.
Llevaban a sus hijitos para que con ella se
entretuvieran jugando, y las madres quedaban
así más libres para coser. A las preguntas que
le hacían, respondía con palabras amables,
pero breves. Si contaban alguna cosa que no le
pareciese buena, cortaba enseguida: «No digan
eso que ofenden a Dios Nuestro Señor».
363

