Page 370 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Si contaban alguna cosa de familia que no
               fuese buena, les decía:

                     No dejen cometer pecados a sus hijos, que
               pueden ir a parar al infierno.


                     Si eran personas mayores:

                     Díganles que no hagan eso, que ofenden a
               Dios      Nuestro  Señor,  y  después  pueden
               condenarse.

                     Las  personas  venidas  de  lejos  que,  por
               curiosidad  o  devoción,  nos  visitaban,  parecían

               sentir  algo  de  sobrenatural  junto  a  ella. A
               veces al venir a mi casa para  hablar conmigo,
               decían:

                     «Uno siente un no sé qué sobrenatural.»

                     A veces hasta querían que yo les explicase

               de  dónde  provenía  ese  sentimiento.  Como  no
               sabía  me  encogía  de  hombros  y  guardaba
               silencio. No pocas veces oí comentar esto.

                     Un día llegaron a mi casa dos sacerdotes y
               un  caballero.  Encuanto  mi  madre  les  abrió  la
               puerta y les mandó sentarse, subí al desván a
               esconderme.  Mi  madre,  después  de  haberlos
               recibido, los dejó solos  para llamarme al  patio

               donde acababa de dejarme. Al no encontrarme,



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