Page 375 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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aman más que a los propios padres, y también
hacia el infierno a donde ellos les dicen que irán
si continúan pecando.
Físicamente, son niños como los otros. Pero
si esa buena gente, tan acostumbrada sólo a lo
material de la vida, supiese elevar un poco el
espíritu, vería sin dicultad que en ellos había
algo que los distinguía bastante.
Me viene ahora a la memoria otro hecho
que tuvo relación con Francisco, y voy a
contarlo. Entró, un día en el cuarto de
Francisco, una mujer de Casa Velha, llamada
Mariana, que afligida porque su marido había
echado a un hijo de casa, pedía la gracia de la
reconciliación del hijo con el padre. Francisco le
respondió:
Quédese tranquila. Dentro de poco voy al
Cielo, y en cuanto llegue pido esa gracia a
Nuestra Señora.
No recuerdo bien los días que tardó aún en
irse al Cielo; pero lo que recuerdo es que, en la
tarde del día en que Francisco murió, el hijo
pidió por segunda vez perdón al padre, ya que
se lo había negado una vez, por no querer
atenerse a las condiciones impuestas. Se
sometió a todo lo que el padre le impuso y se
restableció la paz en aquella casa.
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