Page 371 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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pasó cierto tiempo en mi búsqueda. Mientras,
los buenos señores iban comentando:
«Vamos a ver lo que nos dice ésta, –decía el
caballero–. A mí me impresionó la inocencia y
sinceridad de Jacinta y de su hermanito. Si ésta
no los contradice, voy a creer.»
«No sé lo que sentí junto a los dos
pequeños. Parece que se siente allí algo
sobrenatural –agregó uno de los sacerdotes–. A
mí me hizo bien al alma hablar con ellos.»
Mi madre no me encontró y los buenos
señores tuvieron que resignarse a partir sin
hablar conmigo. Mi madre les decía: «A veces
se va por allí a jugar con otras muchachas y no
hay quien la encuentre.»
«Lo sentimos mucho. Pues nos ha
encantado mucho hablar con los dos
pequeñitos y queríamos hablar también con la
suya. Volveremos en otra ocasión.»
Un domingo, mis amigas de Moita, Maria
Rosa y Ana Caetano, y María y Ana Brogueira,
después de la Misa fueron a pedir a mi madre,
que me dejase pasar el día con ellas. Obtenido
el permiso, me pedían que llevase conmigo a
Jacinta y a Francisco. Obtenida la licencia de mi
tía, fuimos a Moita.
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